Las cerámicas de Salvador Dalí

Juego Cerámicas de Salvador Dalí

Vendemos juego de ocho piezas de cerámica de Salvador Dalí certificado en Vigo el 1º de noviembre de 1980 en acta notarial con número de serie 102.

El famoso pintor Salvador Dalí es conocido por su carácter peculiar, atípico y lleno de excentricidades. Unas características personales que se vieron plasmadas a lo largo de su trayectoria artística y que dieron lugar a obras únicas en el mundo, de un estilo surrealista-onírico muy personal, llevadas a cabo con enorme maestría, convirtiéndolo en un icono y genio de la pintura.

Dalí nació en Figueres (Gerona) en 1904, en el seno de una familia acomodada, su padre era notario y su madre una dama cultivada. Sus dotes artísticas aparecieron precozmente y a los 12 años ya pintaba cuadros impresionistas, hasta que un par de años más tarde descubre la obra de Pablo Picasso y comienza su época cubista totalmente conquistado por el estilo y obra del pintor malagueño.

Durante su infancia, Salvador Dalí no destacó en el colegio, aunque sí lo hizo en las clases de dibujo a las que asistía en la Escuela Municipal de Figueres. Otras ramas de la cultura llamaban su atención y junto a sus compañeros de instituto fundó una revista llamada “Studium” donde publicaba artículos.

Salvador Dalí sabe pronto que quiere ser pintor y en 1921 se traslada a Madrid tras ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Debido a su condición de estudiante, se aloja en una residencia donde conoce a jóvenes que acabarán convirtiéndose también en grandes personalidades de diversos campos de la cultura y el arte, y que sin duda influyeron también de un modo u otro en la obra de Dalí. Es el caso del cineasta aragonés Luis Buñuel, que también influido por Dalí trasladó el surrealismo a la gran pantalla, o el poeta de Granada, Federico García Lorca, que dedicó a su amigo catalán “Oda a Salvador Dalí”.

En 1923 el pintor fue expulsado de la Academia acusado de encabezar una protesta contra un profesor, así que decide regresar a Figueres donde se forma en grabado con su antiguo profesor, para un año después volver a la Academia de Bellas Artes. Finalmente Dalí no puede acabar sus estudios al ser definitivamente expulsado de la Academia, pero durante esos años ya ha llevado a cabo exposiciones de pintura en Madrid y Barcelona y ha viajado a París donde ha conocido en persona a Pablo Picasso y Joan Miró.

1929 es un año clave en la vida de Dalí, ya que es el año en el que conoce a la que será su musa, Gala. El pintor solía invitar a Cadaqués a grupos de amigos a pasar el verano y ese año uno de ellos lleva consigo a Gala, de la que desde entonces nunca se separó hasta la muerte del pintor en Figueres en 1989.

En los años 30, Dalí ya había definido su estilo, y su obra comenzó a ser de relevancia internacional. El pintor exponía sus obras en las principales ciudades del mundo. Su estilo a pesar de la evolución del paso del tiempo, se mantuvo presente conformando la figura que es hoy en día y dejando su impronta en la historia de los grandes pintores del mundo.

Las cerámicas de Salvador Dalí

Cerámicas certificadas en venta

Certificado de las cerámicas de Dalí que mostramos par su venta

Pero Salvador Dalí no sólo se limitó a la pintura, su carácter polifacético le llevó a experimentar con prácticamente todas las artes plásticas: escultura, dibujo, litografía, cerámica, etc. También diseñó joyas y asesoró a grandes directores de cine como Alfred Hitchcock, a la hora de filmar escenas relacionadas con sueños y alucinaciones.

Dentro del campo de la cerámica, las piezas de Salvador Dalí son únicas en el mundo. Museos y casas de subastas y coleccionistas de arte del mundo poseen estas piezas de enorme valor.

Su estilo particular aparece reflejado en platos y vasijas, dotándolas casi de movimiento. Realidad y ficción se muestran también en las cerámicas de Dalí, que centra su obra en reflejar objetos cotidianos en formas imposibles.

En las cerámicas de Dalí, al igual que en su pintura, el surrealismo justificado por el onirismo es constante. Así, objetos sólidos en el mundo real pasan a ser líquidos en su obra, creando, en ocasiones, resultados perturbadores producto de sueños o pesadillas, pero tan característicos del autor y basados en su denominado método paranoico crítico, basado en plasmar opuestos que se complementan.

En definitiva las piezas de cerámica de Dalí, son una extensión más de su magnífica obra, producto de su desarrollada imaginación y creatividad. Cerámicas consecuencia de la experimentación de este genio que dotan de personalidad y carácter cualquier estancia donde se ubiquen.

Manuel Hernández Mompó: el pintor de la luz

Cuadro de Mompó

En Top SUBASTAS disponemos para la venta, de una amplia colección de los cuadros de Manuel Hernández Mompó como mostramos en esta imagen.

Manuel Hernández Mompó creció entre pinceles y obras de arte, ya que su padre era pintor. Por este motivo no le costó en absoluto encontrar su vocación. Nació el 10 de octubre de 1927 y falleció en Madrid el 24 de enero de 1992, a la edad de 64 años y tras sufrir una grave enfermedad que le había dejado sin habla. Mompó pertenecía a esa famosa estirpe de artistas de la posguerra española, que luchaban por ensalzar el arte de la época al lugar que debía ocupar.

Su generación era aquella que formó el grupo El Paso o Dau al Set. Y pese a que él no se inscribiera en ninguno de estos grupos artísticos, apoyaba la lucha de quienes formaban parte de sus filas, entre ellos, el tan reconocido artista español Eusebio Sempere.

La carrera de Mompó comienza a la temprana edad de 13 años, cuando empezó a acudir a la Escuela de Artes y Oficios de Valencia. Con 15 años de edad ingresa de lleno en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia, donde comienza su formación académica en arte. En el año 1948 obtiene una beca para la Residencia de Pintores de Granada, ya que un año antes había obtenido algún premio local que le comenzó a poner en el panorama artístico de la época.

Su primera exposición se pudo disfrutar en su ciudad natal, concretamente en la Galería Mateu de Valencia allá por el año 1951. A partir de este momento su carrera no deja de crecer y él no deja de volar. En el 54 viaja a París para empaparse del arte y la intelectualidad de un lugar que lo ofrecía todo. Allí tuvo el placer de coincidir con otros virtuosos de su época, como Chillida o Palazuelo. Tras su estancia en París pasó por Roma, Holanda y Estados Unidos, donde pudo conocer de primera mano la pintura abstracta americana. Este hecho le permitió ir un paso más allá en su obra artística, apostando por trazos esenciales que nacían con elegancia y máxima delicadeza.

Evolución de la obra de Manuel Hernández Mompó

El famoso pintor valenciano comienza a pintar paisajes populares con la técnica del óleo sobre papel y el guache. Pero poco a poco estos inicios comienzan a desembocar en una fantástica pintura abstracta que cuida los trazos sobremanera. Mompó vivió una época en la que las artes plásticas debían plantarse y tomar nuevas riendas. Así se unió a críticos y artistas para lograr renovar este arte y abrir camino hacia tendencias mucho más vanguardistas. Podríamos equiparar a Mompó con artistas de la talla y grandeza de Miró. Sus pinturas no seguían un patrón, sino que estaban avaladas por la máxima espontaneidad propia del artista.

El famoso estilo de Manuel Hernández Mompó se comenzó a fraguar a finales de los años 50, cuando empieza a dejar de lado sus pinturas figurativas para dar paso a los cuadros semi abstractos con signos y trazos que aportaban una elegancia extrema al entorno. Y aquí es cuando Mompó se preocupa por la importancia de la luz. Para él lograr esa luminosidad mediterránea en sus obras se convirtió en una necesidad extrema para él. Así que comienza su investigación en este sentido.

No podemos decir que Mompó fuera de esos pintores que cambiaban de estilo de forma brusca. La realidad es que iba creciendo y evolucionando de forma paulatina. Eso sí, todas sus obras pictóricas giraban en torno al uso de la luz mediterránea. A finales de los sesenta instaló su residencia habitual entre Mallorca e Ibiza, donde podía convertirse en todo un virtuoso de esa luz que tanto le gustaba plasmar en sus obras.

En esa época Mompó comenzaba a hacerse famoso dentro y fuera de nuestras fronteras, siendo reconocido en el año 1968 con el Premio de la Unesco que se otorgó en la Bienal de Venecia. En 1984 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 1992, a título póstumo, le fue otorgada la medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes, por el Ministerio de Cultura español.

En la actualidad, la obra de Manuel Hernández Mompó continua siendo una de las más aclamadas del siglo XX, gracias al virtuosismo que presenta cada uno de sus cuadros, que fueron ejecutados con cariño y elegancia, potenciando al máximo la luminosidad y el estilo de vanguardia.