Manuel Hernández Mompó: el pintor de la luz

Cuadro de Mompó

En Top SUBASTAS disponemos para la venta, de una amplia colección de los cuadros de Manuel Hernández Mompó como mostramos en esta imagen.

Manuel Hernández Mompó creció entre pinceles y obras de arte, ya que su padre era pintor. Por este motivo no le costó en absoluto encontrar su vocación. Nació el 10 de octubre de 1927 y falleció en Madrid el 24 de enero de 1992, a la edad de 64 años y tras sufrir una grave enfermedad que le había dejado sin habla. Mompó pertenecía a esa famosa estirpe de artistas de la posguerra española, que luchaban por ensalzar el arte de la época al lugar que debía ocupar.

Su generación era aquella que formó el grupo El Paso o Dau al Set. Y pese a que él no se inscribiera en ninguno de estos grupos artísticos, apoyaba la lucha de quienes formaban parte de sus filas, entre ellos, el tan reconocido artista español Eusebio Sempere.

La carrera de Mompó comienza a la temprana edad de 13 años, cuando empezó a acudir a la Escuela de Artes y Oficios de Valencia. Con 15 años de edad ingresa de lleno en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia, donde comienza su formación académica en arte. En el año 1948 obtiene una beca para la Residencia de Pintores de Granada, ya que un año antes había obtenido algún premio local que le comenzó a poner en el panorama artístico de la época.

Su primera exposición se pudo disfrutar en su ciudad natal, concretamente en la Galería Mateu de Valencia allá por el año 1951. A partir de este momento su carrera no deja de crecer y él no deja de volar. En el 54 viaja a París para empaparse del arte y la intelectualidad de un lugar que lo ofrecía todo. Allí tuvo el placer de coincidir con otros virtuosos de su época, como Chillida o Palazuelo. Tras su estancia en París pasó por Roma, Holanda y Estados Unidos, donde pudo conocer de primera mano la pintura abstracta americana. Este hecho le permitió ir un paso más allá en su obra artística, apostando por trazos esenciales que nacían con elegancia y máxima delicadeza.

Evolución de la obra de Manuel Hernández Mompó

El famoso pintor valenciano comienza a pintar paisajes populares con la técnica del óleo sobre papel y el guache. Pero poco a poco estos inicios comienzan a desembocar en una fantástica pintura abstracta que cuida los trazos sobremanera. Mompó vivió una época en la que las artes plásticas debían plantarse y tomar nuevas riendas. Así se unió a críticos y artistas para lograr renovar este arte y abrir camino hacia tendencias mucho más vanguardistas. Podríamos equiparar a Mompó con artistas de la talla y grandeza de Miró. Sus pinturas no seguían un patrón, sino que estaban avaladas por la máxima espontaneidad propia del artista.

El famoso estilo de Manuel Hernández Mompó se comenzó a fraguar a finales de los años 50, cuando empieza a dejar de lado sus pinturas figurativas para dar paso a los cuadros semi abstractos con signos y trazos que aportaban una elegancia extrema al entorno. Y aquí es cuando Mompó se preocupa por la importancia de la luz. Para él lograr esa luminosidad mediterránea en sus obras se convirtió en una necesidad extrema para él. Así que comienza su investigación en este sentido.

No podemos decir que Mompó fuera de esos pintores que cambiaban de estilo de forma brusca. La realidad es que iba creciendo y evolucionando de forma paulatina. Eso sí, todas sus obras pictóricas giraban en torno al uso de la luz mediterránea. A finales de los sesenta instaló su residencia habitual entre Mallorca e Ibiza, donde podía convertirse en todo un virtuoso de esa luz que tanto le gustaba plasmar en sus obras.

En esa época Mompó comenzaba a hacerse famoso dentro y fuera de nuestras fronteras, siendo reconocido en el año 1968 con el Premio de la Unesco que se otorgó en la Bienal de Venecia. En 1984 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 1992, a título póstumo, le fue otorgada la medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes, por el Ministerio de Cultura español.

En la actualidad, la obra de Manuel Hernández Mompó continua siendo una de las más aclamadas del siglo XX, gracias al virtuosismo que presenta cada uno de sus cuadros, que fueron ejecutados con cariño y elegancia, potenciando al máximo la luminosidad y el estilo de vanguardia.